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jueves, 4 de febrero de 2010

Dinámica desertícola

-Es la planicie en la que viven los desertícolas –dijo Crenchudo señalando las tierras que dan hacia el sol naciente-. Fíjese, desde la altura de esta cumbre podemos ver que es infinita. Todo tiene su real perspectiva desde la cordillera.

-Hay algo en ese lugar? –preguntó Chikhachev.

-Excepto por el nervio del agua, en esas tierras todo es nada. Con la lluvia el nervio se contrae y tensa la red en la que perduran los desertícolas. Entonces por los caminos y huellas apenas marcadas por hileras de rocas fluyen viajeros y circulan vicios y mercancías. En las casas las catas aturden con su cotorreo. El suelo se vuelve marrón. Los chivos engruesan por la grasa. Niñas casaderas se enamoran de niños de familias lejanas y viceversa. Florece y cuaja la algarroba. Cuando el nervio afloja, la red vuelve a la pachorra que es en esta época. No hay caravanas ni viajeros solitarios ni vicios circulando por las huellas. Las aves se van a los humedales. El suelo se vuelve blanco por la sal. Los chivos se secan. En su soledad las niñas casaderas piensan historias imposibles. Se vacían las algarrobas. El agua compone tracción o paciencia –sentenció Crenchudo.