-Sus tonterías, o sea la sarta de pavadas que está diciendo –dijo Armando con la vista fija en Quintín- me hacen acordar la historia de Aporía Sánchez, nacida en Wikigasta. “Impasse” le decían en el pueblo a causa de cierta tendencia a la inercia y a la dilatación de soluciones. Aporía era, en principio, una mujer complicada, dada a meterse en situaciones de las cuales no podía salir. Sin embargo, daba toda la sensación de que ella se instalaba con comodidad en lo imposible y ahí se quedaba, estirándolo, como emperrada.
-Aporía, como le decía, estaba dominada por una fuerza que la tentaba con las dificultades difíciles y, mas aun, con las insolubilidades insolubles. Era común verla tratando de calcular todos los decimales del numero PI o de entender letras de canciones de Spinetta. Algunos domingos de tortas fritas, se ponía lápiz y papel con la raíz cuadrada del 2, no sin antes ver de nuevo algún video de Polaco. La cuadratura del círculo generalmente la dejaba para las noches de lluvia; aunque hay que aclarar que llueve muy poco en Wikigasta y, por lo tanto, no había avanzado casi nada en esto. Otras veces la emprendía tratando de descifrar el movimiento perpetuo. También pensaba que si hubiese nacido hombre habría intentado entender la naturaleza femenina, pero fatalmente era una XX. Y hablando de fatalidades, ahora me viene a la mente su proyecto más ambicioso, el que dejaba para los momentos de insomnio: relacionar al los críticos de literatura con la racionalidad.
-Aporía se perpetuaba en otros imposibles. Simpatizante del glorioso Huracán F. C., todos los años esperaba verlo coronado campeón. Criaba seamonkys una y otra vez, sin quitar los ojos de la pecera para verlos cuando empezaran a crecer. Jugaba al Loto todas las semanas. Lo escuchaba a Majul con oído atento a ese razonamiento inteligente que nunca llegaba. Siempre esperaba que el político de la esquina haga lo que decía que iba a hacer en época de campaña. Trataba de tomar sopa con un tenedor y cuando se deprimía intentaba suicidarse una y otra vez mezclando vino tinto con sandia. Y así y así... Los vecinos, solidarios como pocos, le acercaban imposibilidades literarias para mantenerla entretenida: Chejfec, Alejandro Rozitchner o el salame de Jaime Bayly. A veces, caía alguno por lo de Aporía con manuscritos de recetas médicas, instrucciones de multiprocesadoras o formularios de la AFIP. Ella, agradecida, ahí nomás se instalaba en el sillón de la galería para perpetuarse en la lectura y relectura de estos textos sin nunca llegar a entenderlos o a encontrarles sentido.
-Un día –finalizó Armando- distrayéndose con las obras completas de Sócrates, se topo por primera vez con el “Conócete a ti mismo”. Y ahí abandono todos sus análisis de imposibles para tratar de entenderse a ella, mismamente. Esto, pensó, tal vez podría llevarla a la liberación perpetua o, aunque más no sea, a conocer el origen de su carácter podrido durante las mañanas. Al principio con timidez, pero después con desenfado, comenzó a asomarse a sus profundidades. Fue tomando confianza consigo misma y cada vez era más audaz. Tanto se asomo que, como no podía ser de otra manera, termino cayéndose al pozo mas profundo de su ser. Y eso es todo.
Quintín se río un poco y luego, tosiendo, lanzó una carcajada cruel que retumbó por las cuatro paredes del SUM. La Cameron se puso de pié y avanzó hacia la mesa de conferencias pidiendo el micrófono a Mr. Runey.